Gijón, 15 de agosto.
Fue en aquellos días cuando se fundó un equipo de jóvenes heróicas, los fundamentos del deporte que practicaban no estaban muy claros, pero esta era su equipación.
Aquí tenemos, más mal que bien, a las socias fundadoras. O por lo menos una pequeña parte de todas ellas, la noche, la fotógrafa....vaya usted a saber.
Jóvenes llegadas de diversos lugares tenían una cosa en común, en este juego hay una máxima, pasárselo bien sea cuál sea el motivo, el lugar, el momento...
Así se celebran los triunfos del equipo. Las bases de este símbolo fueron sentadas sobre un culín, otro culín, una botella, otra botella...después de muchas discusiones sobre el tema, el verdadero origen queda bajo secreto de sumario. La iluminación fue cedida por unos amables lugareños.

Una serie de documentos gráficos dejaron constancia de los hechos ocurridos en aquellos días, pero los verdaderos motivos quedaron escritos en el aire.

Teniendo en cuenta que nos lo pasamos así de mal, decidimos crear escuela, ampliar el equipo todo lo que se pueda e irnos de gira por los cinco continentes, para dar a conocer al mundo este deporte que habíamos inventado y que consideramos recomendable para la salud mundial.
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No es que creamos que vamos a acabar con los problemas de esta sociedad, pero si que conseguimos que los males del equipo sean menos, porque no está nada mal eso de ver que las cosas que te pasan a ti le pasan a más gente. Y si las penas con pan son menos, cuando lo acompañas de unas sidras...resulta que los problemas desaparecen.
Un culín por esos buenos momentos. Una botella porque se repitan con frecuencia.
¡Chicas, Marruecos nos espera! ¡Qué tiemble el mundo que nos lo vamos a comer!
Ciao y besis.
